Cuando este año decidimos de nuevo hacer un road trip por España (sobre todo por la incertidumbre que aún perduraba con la situación por la covid), teníamos claro que la primera parada al “ir bajando” hacia Cádiz -destino final del viaje-, iba a ser Burgos. En primer lugar, porque queríamos ver a nuestros amigos de “Viajando entre rascacielos”: les debíamos la visita; y aprovechando, además, haríamos una visita guiada a su Catedral.

Tras hablar con Marta y después de mirar en varias webs, nos decidimos por contratar la visita para los cuatro (la pequeña Valeria decidía no acompañarnos) con la empresa “Guías Turísticos Burgos”. Les enviamos un mensaje a través de su web y enseguida Santi, uno de sus guías, se puso en contacto con nosotros para contarnos las condiciones de la visita.
Ésta iba a ser privada -solo nosotros-, de una duración aproximada de una hora y media -al final resultaron casi 2- y con un precio de 50€. Nos pareció más que aceptable, así que enseguida le devolvimos la llamada a Santi y fijamos la fecha y la hora en la que haríamos el tour. Por cierto, un detalle: las entradas de la Catedral son aparte; podéis comprarlas en el mismo momento en que hagáis la visita. El precio es de 7€ por persona.

Pues nada, ya teníamos todo organizado para la visita a la que dicen la catedral más bonita de España. Si queréis, luego me decís qué os parece con lo que os voy a contar. 😉
Además, por si fuera poco, este año la Catedral de Burgos cumple su VIII centenario. Concretamente el 20 de julio se celebran los 800 años desde que se colocó su primera piedra. ¡Felicidades!


El día de la visita quedamos con Santi en la escalera del Sarmental, la que está situada en la Plaza el Rey San Fernando y da acceso a la portada del mismo nombre. Desde aquí accedimos a la Catedral y compramos las entradas en la taquilla.
Comenzaba, pues, nuestra visita…

La primera parada, justo nada más cruzar las taquillas, fue para contarnos un poco acerca de los aspectos generales del edificio, así como su Historia.
La Catedral de Burgos, dedicada a la Virgen María, es el monumento más representativo de la ciudad y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1984. Ésta es la única catedral que tiene esta distinción de forma independiente.
Joya indiscutible del gótico universal, consta de planta de cruz latina, con tres naves con girola, de las cuales la central es más alta y ancha que las laterales. Las dimensiones del templo son realmente impresionantes y en superficie, el total incluyendo las capillas y claustros, ronda los 12.000 m2. ¡Ahí es nada!
En cuanto a la Historia, simplemente contaros que esta catedral sustituye a un antiguo templo románico. La primera piedra, de la que os contábamos antes, fue puesta por el rey de Castilla Fernando III “el Santo” y el obispo Mauricio en el año 1221 y fue consagrada en el 1260. Al ser tan amplio su período de construcción, pasa por diferentes estilos artísticos que se van sumando al edificio gótico: Barroco, Neoclasicismo… Una auténtica enciclopedia del arte, vaya.

Tras esta introducción, Santi ya se metió de lleno en contarnos más acerca de la Catedral y, para ello, nos propuso enseñarnos “un podio de capillas” -bronce, plata y oro- para que nos diésemos cuenta de su belleza y por qué está considerada como la catedral más bonita de nuestro país.

Comenzamos con la medalla de bronce: la Capilla de Santa Ana o de La Concepción.
Fue el obispo Luis de Acuña quien solicitó al Cabildo el permiso para construir una capilla en la Catedral dedicada a la Concepción de María y que, a su vez, fuese el lugar de su enterramiento. Habiendo obtenido el permiso, fue Juan de Colonia y su hijo quienes se encargaron de su construcción; ambos están presentes en toda la Catedral, junto con los Siloé (padre e hijo también), siendo estas dos familias los principales arquitectos del edificio. El estilo de esta capilla es el gótico florido.
Aquí se encuentran dos de las grandes obras que podemos ver en toda la Catedral. Por un lado, el retablo mayor, obra de Gil de Siloé; y por otro, el sepulcro de su fundador: Luis de Acuña, realizado por el hijo del anterior, Diego de Siloé, en alabastro.

La siguiente capilla es la de La Presentación. Digamos que esta es la “medalla de plata”.
Fue mandada erigir por Gonzalo Díez de Lerma, cuyo sepulcro es uno de los elementos que más llama la atención en ella; está realizada también en alabastro, siguiendo las pautas del anterior.

La otra obra que más destaca es, en este caso, de carácter pictórico: “La Sagrada Familia” cuyo pintor, Sebastiano Luciani, Il Piombo, se hallaba al servicio del papa juntamente con Miguel Ángel y Rafael.
Este cuadro llama realmente la atención porque, al verlo, parece una virgen y un niño, nada más; sin embargo, fijándose bien, en un segundo plano y en sombras, se puede ver a San José. Es un poco un “cuadro-trampa”. No sé si en la fotografía que os pongo a continuación podéis distinguirlo:

Y llegamos a la medalla de oro: La Capilla de los Condestables. ¡Y tanto que es de oro! Tanto es así que está considerada como una catedral dentro de otra catedral. De hecho, se dice que es la mejor capilla que se levanta en Europa en el siglo XV.
Lleva el nombre de los benefactores y de quienes la mandaron construir, don Pedro Fernández de Velasco y su esposa doña Mencía de Mendoza, Condestables de Castilla (de ahí su nombre) y una de las parejas más influyentes durante el reinado de los Reyes Católicos.
Concebida como panteón funerario, esta capilla tiene planta hexagonal en su base y octogonal en la parte alta, estando las estatuas yacentes de los Condestables a los pies de la escalera de acceso al presbiterio. Justo debajo de estas esculturas hay una pequeña cripta donde yacen  sus restos mortales.

En frente de las estatuas se sitúa el retablo mayor, cuya arquitectura es muy original, ya que fue concebido como si fuese un gran escenario. Representa la Purificación de la Virgen y la Presentación de Jesús en el Templo.
A ambos lados, los escudos de familia de cada uno de los esposos, labrados en piedra y dispuestos de forma inclinada sobre la pared.


Pero no solo son estas las joyas de esta capilla. En la pared derecha, podemos ver el cuadro “Santa María Magdalena”, de Giovanni Pietro Rizzoli, Giampietrino, discípulo de Leonardo da Vinci, al que incluso se le llegó a a atribuir la autoría del cuadro. ¿Os recuerda a alguna otra obra del gran Leonardo? 😉


A la salida de la Capilla de los Condestables nos paramos a ver el trasaltar, en el cual se comienzan a introducir elementos del renacimiento italiano. Representan a Cristo con la Cruz a Cuestas, La Crucifixión y El Descendimiento y la Resurrección.
Creedme que las fotos que os muestro a continuación no les hacen justicia a los relieves. Son impresionantes.

Después del trasaltar, nos dirigimos a una de las partes más impresionantes e importantes de la Catedral: el retablo mayor. Encargo del obispo Acuña, su ensamblaje arquitectónico emplea los tres órdenes clásicos -dórico, jónico y corintio-, se divide en tres calles y cuatro intercolumnios y está dedicado principalmente a la Virgen.


Justo delante del retablo podemos ver la tumba del Cid: una sencilla losa en jaspe rojizo que cubre los cuerpos del héroe castellano y de su esposa Doña Jimena (la cual, por cierto, descubrimos en ese momento que era de Oviedo… era un dato que no sabíamos). Lo cierto es que yo me esperaba algo mucho más “espectacular”, pero estaba completamente equivocada.


Muy cerca de la zona del coro, la tumba y el retablo, Santi nos mostró lo que se convirtió sin duda en mi zona preferida de la Catedral: la escalera dorada.
Al realizar la nueva catedral gótica fue necesaria una gran explanación del terreno para ganar espacio, cortando la falda del lugar donde se edifica la catedral, lo que produjo un desnivel de ocho metros. Éste se salvó con esta escalera. El encargado de construirla fue Diego de Siloé que, posiblemente influenciado por modelos italianos de Bramante y Miguel Ángel, diseñó un innovador modelo. Con sus 39 escalones salva esos metros de desnivel en un espacio mínimo; comienza con un tramo recto que finaliza en un rellano. Desde ese punto, la escalera se bifurca en dos brazos que convergen en el rellano final. El rejero francés Hilario realizó los antepechos en hierro dorado, de ahí que se la denominara escalera dorada.


A día de hoy, la escalera pone en comunicación a la catedral con la actual calle de Fernán González a través de la Puerta de Coronería, que vemos por la zona exterior:


Hemos dejado para el final el gran protagonista de la Catedral de Burgos: el famosísimo Papamoscas. Este autómata, que parece que fue construido en el siglo XVI, da las campanadas del reloj, mientras abre y cierra la boca. Es tan conocido, que a las horas en punto la gente se agrupa justo debajo suyo para verlo. Y nosotros, como no íbamos a ser menos, allí estuvimos a las 12 de la mañana, para verlo el mayor tiempo posible. Es muy, muy curioso.



Estos son, a grandes rasgos, los elementos más llamativos de la preciosa Catedral de Burgos. Para nosotros, una de las más bonitas que hemos visto en España. Además, gracias a la empresa Guías Turísticos Burgos y, muy especialmente a Santi, la visita no pudo ser mejor. No lo dudéis y poneros en contacto con ellos si estáis pensando en un próximo viaje a Burgos.